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¿Dónde se produce el saber?

 

 

 

Una primera impresión sobre la pregunta que abre este post, cuál es el lugar de la producción del saber, nos llevaría a pensar que puede definirse de manera simple e inmediata. Si intentamos rastrear una respuesta potencial, rápidamente nos vemos en medio de un cúmulo de teorías filosóficas que trataron el tema. Sin embargo, hay una que ha tenido un peso determinante a la hora de guiar el pensamiento occidental: la platónica.

Resumidamente, el Realismo Platónico (la metafísica de Platón) divide al mundo según dos aspectos: el mundo inteligible (del auténtico ser), y el mundo sensible (lo que percibimos a nuestro alrededor). El mundo perceptible es una copia de las formas inteligibles o Ideas (que no cambian), y sólo son comprensibles a través del intelecto o entendimiento. Las Ideas son posibles si pensamos las cosas abstrayéndolas de la manera como se nos dan a los sentidos. Para explicar este concepto, Platón utiliza diversas metáforas en los Libros VI y VII de la República, como por ejemplo la del sol, la alegoría de la caverna y la de la línea dividida. Así, el verdadero conocimiento se produce en el mundo de las Ideas (mundo inteligible), cuando es capaz de separarse de su entorno sensible. Entonces el conocimiento verdadero es el de las ideas abstractas, el del espíritu que logra separarse de la materia, haciendo que la localización del saber se sitúe en el alma de los sujetos.

Ésta ha sido una figura  paradigmática del saber que logró traspasar la frontera de los siglos. Sin embargo, actualmente hay un foco de discusión que remarca las falencias de la teoría que sostiene que el saber se produce en un espíritu que actúa como una especie de pantógrafo de las Ideas. Precisamente, acrecentado por la proliferación de la Sociedad Red, el saber es una forma de producción que se genera en la puesta en relación, en la conectividad, en la relación de ‘espíritus’ y no en su aislamiento. No se trata de que haya Ideas capaces de ser aprehendidas, sino de la construcción de saberes a través de la circulación de un universo reticular. De esta manera, el saber es una red de praxis conectivas, que no se produce en el alma del sujeto sino en su capacidad de establecer relaciones (con el mundo, con sus pares, con otros conocimientos, etc.). Este debate ha sido guiado, en Italia desde la década de los 70 por los círculos que rodean a Toni Negri, Maurizio Lazzarato y en Francia por Deleuze.

Cada una de estas concepciones, la platónica y la reticular, tienen sus implicancias sobre las diferentes formas de acción en torno a lo que significa el trabajo, la subjetividad y la producción social. Para que la práctica de la construcción de los saberes tenga éxito y sea capaz de desarrollarse, ha de romperse el dominio cultural del concepto del saber como algo separado de la realidad y fundado por un espíritu iluminado por las Ideas. Provocar esta brecha es una precondición indispensable para crear intervenciones relevantes en el campo de la acción comunitaria (ya sea en el marco de una empresa o de la sociedad misma) donde se produce el saber.

 Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti

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Publicado por en septiembre 30, 2008 en Pragmática Social, Trabajo en Red

 

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