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La era post- responsabilidad social corporativa

Desde hace unos cuantos años la cuestión de la la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) está en todos los discursos de las empresas y grandes corporaciones, pero a la luz del comportamiento de muchas de ellas, es necesario que se analice esta cuestión con un poco más de detalle.

La llamada crisis financiera de estos últimos años, junto con las informaciones contrastadas de una serie de negocios ‘sucios’ en los que se están involucrados bancos, empresas multinacionales, constructoras y un largo etcétera, están generando que la confianza en las empresas por parte de los consumidores y otros miembros del sector, sea cada vez más  baja. Todo ello hace que nos cuestionemos directamente sobre el funcionamiento y la eficacia de la Responsabilidad Social Empresarial.

Desde principios de esta década ya se advierte que la responsabilidad de las empresas con el entorno social y medio ambiental es bastante relativa, a pesar de que la gran mayoría se ha empeñado en crear códigos éticos o en mostrar su cara más social. Estamos entrando en la era Post- RSC, donde la cuestión no pasa por armar un buen decálogo visible en la Web de la empresa o hacer unos cuantos actos benéficos o filantrópicos, para luego difundir en las redes y lavar la imagen. Hacer filantropía estratégica está más del lado de la explotación que de una real toma de consciencia de la misión social de cualquier empresa.

Responsabilidad Social Corporativa El impacto de las empresas y multinacionales en el desarrollo humano está más que documentado. De lo que se trata ahora es de equiparar la misión social con la rentabilidad de las empresas, adaptándose a los nuevos requerimientos y demandas de las sociedades contemporáneas, para contribuir a la mejora del bienestar social (local y global). Por ello lo que se busca es que las empresas sociales no compitan por ser las mejores del mundo, sino que compitan para ser las mejores para el mundo. Claramente debemos plantearnos la responsabilidad social de las empresas en otros términos, porque ya hemos entrado a una nueva era, en la que no todo vale por sumar ganancias.

 
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Publicado por en febrero 23, 2015 en Filosofia empresarial

 

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Falta de responsabilidad

irresponsable

Parece que nadie ha roto un plato. Todos somos santos o filántropos. Nuestra única función en la vida es la de hacer el bien a los demás y favorecer la felicidad social. Los periódicos y las publicaciones especializadas se llenan de caras inocentes, que no dudan en defender su rol de victima. Qué curioso, todos somos victimas y nadie es el victimario.

Si los iconos de manager ideal son los que en mayor medida han intentado zafarse de los errores de sus tomas de decisión, qué modelo es el que transmiten. Ahora resulta que yo, como alto directivo, tengo impunidad divina y una patente de corso que me permite realizar cualquier tropelía empresarial. Tengo la espalda blindada con primas desproporcionadas que, de hecho, son un premio a mi incompetencia.

¿A quién le interesa mantener este sistema de liderazgo empresarial? A los sujetos que se benefician de él, por supuesto. ¿Pero estos son los líderes que deseamos seguir?

En estos momentos surgen mil fórmulas y slogans que pretenden dar solución fácil a un problema crítico. Todos sabemos que eso es inviable, pero nos aferramos a esas propuestas porque vienen avaladas por gurús. Antes de adoptarlas a la desesperada cabría reflexionar: ¿Son las soluciones que necesitamos para nuestra empresa?

Hay quien apunta que la única solución ante la crisis es la imaginación. También hay quien propaga que el caos empresarial no se debe a una crisis financiera, sino a una crisis emocional. Pero aún no hemos oído una voz que diga que contra la crisis, primero hay que asumir la responsabilidad de los fallos y más tarde depurar esa responsabilidad. De lo contrario, es fácil transitar esta fase sin haber profundizado en los motivos de la misma y, por lo tanto, estar expuestos a una repetición de los errores (tanto los involuntarios como los provocados, que “haberlos haylos”)

¡Qué doloroso es asumir los errores propios! Pero qué pensar de quien sólo se encarga de señalar culpables a su alrededor, exculpándose de cualquier equívoco. Pues que no cumplía con sus funciones de dirección o que delegaba las decisiones por incompetencia personal o que sólo le interesaba figurar sin arremangarse la camisa o etc, etc, etc.

Todo esto lo podemos sintetizar en una expresión: Esa persona ha sido una irresponsable. Ha sido incapaz de dar respuesta a las necesidades de su puesto. No hay nada peor para una empresa que alimentar el pozo ciego de la irresponsabilidad. En este momento pagamos la consecuencia de haber premiado a los irresponsables.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti

 

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