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La era post- responsabilidad social corporativa

Desde hace unos cuantos años la cuestión de la la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) está en todos los discursos de las empresas y grandes corporaciones, pero a la luz del comportamiento de muchas de ellas, es necesario que se analice esta cuestión con un poco más de detalle.

La llamada crisis financiera de estos últimos años, junto con las informaciones contrastadas de una serie de negocios ‘sucios’ en los que se están involucrados bancos, empresas multinacionales, constructoras y un largo etcétera, están generando que la confianza en las empresas por parte de los consumidores y otros miembros del sector, sea cada vez más  baja. Todo ello hace que nos cuestionemos directamente sobre el funcionamiento y la eficacia de la Responsabilidad Social Empresarial.

Desde principios de esta década ya se advierte que la responsabilidad de las empresas con el entorno social y medio ambiental es bastante relativa, a pesar de que la gran mayoría se ha empeñado en crear códigos éticos o en mostrar su cara más social. Estamos entrando en la era Post- RSC, donde la cuestión no pasa por armar un buen decálogo visible en la Web de la empresa o hacer unos cuantos actos benéficos o filantrópicos, para luego difundir en las redes y lavar la imagen. Hacer filantropía estratégica está más del lado de la explotación que de una real toma de consciencia de la misión social de cualquier empresa.

Responsabilidad Social Corporativa El impacto de las empresas y multinacionales en el desarrollo humano está más que documentado. De lo que se trata ahora es de equiparar la misión social con la rentabilidad de las empresas, adaptándose a los nuevos requerimientos y demandas de las sociedades contemporáneas, para contribuir a la mejora del bienestar social (local y global). Por ello lo que se busca es que las empresas sociales no compitan por ser las mejores del mundo, sino que compitan para ser las mejores para el mundo. Claramente debemos plantearnos la responsabilidad social de las empresas en otros términos, porque ya hemos entrado a una nueva era, en la que no todo vale por sumar ganancias.

 
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Publicado por en febrero 23, 2015 en Filosofia empresarial

 

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Innovación disruptiva VS. evolutiva

La concepto de innovación disruptiva aparece en el texto de Clayton Christensen The Innovator’s Dilemma (1997). El autor enfrenta este tipo de innovación a la evolutiva, es decir, la evolución disruptiva no es la que se fomenta en las empresas, dentro de un mismo espacio de mercado, como motor de posicionamiento por medio del aditamento de nuevas funciones o características de un servicio/producto.

Esa tendencia evolutiva es limitada como estrategia comercial, desde el momento en el que los usuarios/clientes descubren la pobreza de la novedad, puesto que la supuesta mejora es una reiteración de lo ya existente con una simple modificación, en el mayor de los casos intranscendente.

La innovación disruptiva es una apuesta que rompe con la inercia estandarizada, ya que modifica las reglas del juego. Su objetivo es ofrecer un producto/servicio alternativo, que cubrirá las necesidades e inquietudes que las empresas evolutivas no llegaron a detectar. Un ejemplo de ello fue la aparición del TV en el imperio de la radio o la afectación de las redes P2P en la industria musical, que puso en solfa la fórmula tradicional de comercializar las canciones.

Las propuestas disruptivas suelen venir de la mano de las empresas más pequeñas, volcadas en las nuevas tecnologías y con una limitación económica. Estas empresas poseen una estructura antitética a las corporaciones poderosas, lo que las obliga a trabajar con costes muy reducidos.

El asfalto evolutivo, diseñado para seguir la misma ruta sin salirse de la vía establecida, impide ir más allá de la lógica lineal, debido a que piensa el futuro como consecuencia directa y adicional del pasado: “Si algo ya funcionó cambiémoslo ligeramente para que parezca distinto, sin que abandone la esencia exitosa, y así transmitimos la sensación atractiva de algo nuevo”; la consecuencia es una cadena de réplicas salpicadas de pequeñas variaciones.

La visión disruptiva camina por rutas bacheadas y muy dinámicas, de modo que su gestión no puede someterse al imperio del “siempre lo mismo”. El riesgo disruptivo es riqueza potencial ya que no se ciñe a explotar lo que el cliente/usuario pide, sino que va más allá. La innovación disruptiva busca nuevas tipologías de comprador, que hasta el momento no eran consideradas como valiosas por las empresas líderes. Una muestra de lo dicho lo hallamos sin ir más lejos en la aparición de los sistemas de llamada VOIP, frente al monopolio inmovilista de la telefonía por cable.

Gabriela Berti + Godo Chillida

 
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Publicado por en marzo 16, 2012 en Filosofia empresarial

 

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ORGANIZACIONES SEMÁNTICAS

El pope de la web, Berners-Lee, anticipó hace años que la nueva información debe ordenarse para que un buscador pueda “entender” su contenido. Ya no nos vale que la información sea puesta en una lista, sin aportar ningún sentido. El conocimiento se amplía cuando las máquinas son capaces de compartir el significado de la información que procesan.

Necesitamos aumentar la cantidad y calidad de la inteligencia contenida en las webs, cómo hacemos eso: dotándolas de contenido semántico.

 La Web 2.0 puede almacenar una gran capacidad de datos, puede leer y visualizar contenidos, pero es incapaz de pensar o comprender sus contenidos. Por el contrario, la Web Semántica no se limita a ser un almacén de información, sino que tiene la capacidad de interpretar su significado.

Utilizando la metáfora de la organización como un sistema de transmisión de datos (reportes, estadísticas, precios, etc) sería interesante analizar su futuro a la luz de lo anticipado por Berners-Lee.

Muchos directivos se jactan de abanderar empresas que funcionan como una máquina computacional, sin darse cuenta de que éste es un modelo obsoleto. Mejor sería que fueran re-estructurando sus organizaciones para que evolucionaran hacia un cerebro computacional, abierto al aprendizaje, capaz de comprender los contenidos (productos y servicios) que manejan de forma autocrática. Pero claro, quizás eso haga parecer imprescindibles a muchos directivos y responsables ¿verdad?

Filoempresa:Godofredo Chillida+Gabriela Berti

 

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