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Pensar y crear comunidad:el legado de Lipman

10 Ene

El 2010 se fue dejando un hueco, porque el último fin de semana del año estuvo marcado por la muerte de Matthew Lipman (en New Jersey). Lipman fundó la filosofía con niños y niñas. Hasta antes de morir, a sus  87 años y mermado por la enfermedad, seguía pensando y replanteando lo que había escrito en su juventud. Esa fuerza incansable para seguir recapacitando y creando, se ve reflejada en su último libro, su propia autobiografía: A life teaching thinking (IAPC, 2008).

El texto describe muy bien su trayectoria, no porque cuente la historia de su vida, sino porque el título mismo ya nos habla de toda su carrera, dedicada a enseñar y a prender a deliberar filosóficamente a través del pensamiento crítico, retomando las preguntas filosóficas primeras, relevantes para la humanidad y reconociendo la importancia de crear juicios argumentados.

Su interés por hacer de la filosofía una herramienta práctica está ligado a su primeros pasos en la filosofía académica. Por un lado a la tradición griega de Aristóteles, pero fundamentalmente al pensamiento de John Dewey, sobre el que Lipman hizo su tesis de doctorado. Las ideas de Dewey fueron abriendo las puertas de Matthew Lipman hacia una nueva visión de la filosofía y de la pedagogía.

Más allá de la importancia de poner de relieve la figura de Lipman como un hombre significativo para la cultura contemporánea, su legado no sólo se resume en una larga lista de libros, intervenciones en los medios masivos de comunicación, un film producido por la BBC, clases magistrales, cursos de formación y conferencias sino, y muy especialmente, en su propuesta metodológica que enseñó a hacer filosofía, antes que a pensar sobre o escribir sobre la filosofía.

Entonces la pertinencia de escribir sobre Lipman en este espacio, ya no se valida sólo por su personalidad sino por el valor que supo introducir en sus alumnos, lectores y seguidores, para que cada uno fuera capaz de atreverse a pensar por sí mismo, a argumentar y a compartir las inquietudes con los demás. La idea de crear y trabajar siempre organizando una comunidad de investigación, realza los aspectos comunitarios del conocimiento y del trabajo común. El legado de Matthew Lipman va más allá de las fronteras de la filosofía con niños y niñas, de la formación de los y las educadoras, porque desde diferentes ámbitos podemos beber de su fuente para asimilar la importancia de la relación entre pensar y convivir, para hacer de nuestros pequeños espacios (el aula, el trabajo, etc.) un lugar mejor del que cada uno pueda salir enriquecido a través de la escucha atenta y del compartir las ideas.

Se fue Lipman, un hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir, con la construcción de un futuro mejor. Ahora nos queda a nosotros tomar su antorcha.

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