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LA ORGANIZACIÓN METÓDICA

19 May

Cuántas veces nos llevamos las manos a la cabeza ante el caos que guía nuestras organizaciones, en cuántas ocasiones lamentamos no tener un método que facilite la consecución eficiente de nuestros objetivos.
Parece mentira, pero ya en el siglo XVII René Descartes desarrolló un giro crítico respecto a la historia de la filosofía precedente. Tal vez, siguiendo su propuesta metodológica, debamos arriesgarnos a generar nuevas vías de análisis y comprensión organizacional, para salir de las manoseadas interpretaciones presentes.

Descartes decidió centrarse en el ser humano, en la persona que ejerce el acto de meditar. Pasó el foco de atención desde el QUÉ pensar al CÓMO pensar. Si deseamos llegar a las razones ciertas, que guían nuestras acciones, no podemos quedarnos en la emisión de opiniones (lo que yo creo o dejo de creer). La refutación de las mismas me lleva a una cadena infinita de visiones subjetivas arraigadas en la tozudez, más que en la razón.

La necesidad de un método de comprensión sólido fue definido por Descartes como: un conjunto de reglas ciertas y simples, que al seguirlas nos evita tomar por falso algo verdadero. De este modo no se realizará ningún esfuerzo inutil de los propios recursos intelectuales; al mismo tiempo aseguramos la consecución de un conocimiento verdadero del entorno y de nosotros mismos. Si aplicamos esto al mundo organizacional descubrimos un posicionamiento que apunta a la optimización de recursos (económicos, tiempo, personales, etc) mediante una correcta gestión de las acciones.
Ese conjunto de normas no poseen un carácter restrictivo, sino que por el contrario generan un orden inventivo que facilita la generación de un saber compartido y que puede ser extendido por toda la organización.
En este sentido hablaríamos de un orden respecto del pensamiento de las cosas, cómo las entendemos, cómo las analizamos y cómo las compartimos. Este orden se aleja del orden jerarquizado, estático y sempiterno que muchas empresas sufrientes de cortas miras se resisten a superar.
La apuesta cartesiana nos obliga a fundamentar el método en la observación del ser humano. No nos basta con tener buen entendimiento sobre las materias y actividades empresariales, ahora necesitamos aplicar bien ese entendimiento.

Tal vez antes de afrontar un nuevo proyecto, tomar cierta decisión relevante o emitir un juicio con riesgo de ser infundado podríamos recordar las cuatro normas que Descartes enumera en Las Reglas para la dirección del espíritu:
1. Evidencia:No aceptar jamás algo por verdadero si no sabemos con evidencia que lo es (evitar precipitación de juicios y acción).
2. Análisis: Dividir cada dificultad en tantas partes como podamos y sea necesario, para resolverlas mejor.
3. Síntesis: Ordenar los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender por grados hasta el conocimiento más complejo. Supondremos, incluso, el orden entre aquellos pensamientos que no se preceden naturalmente unos a otros, ejercitando la lógica y el pensamiento abstracto.
4. Comprobación: Efectuaremos enumeraciones tan enteras y revisiones tan generales como sea posible, para segurarnos de no omitir nada.

¿Cuántos gestores, directores y responsables serían capaces de afirmar que siguen pautas similares en su día a día? Tal vez tras una respuesta pobre en número podemos hallar la respuesta ante tanta ineficiencia organizacional.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti.

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