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LA DECISIÓN DEL GRUPO

30 Abr

Hace tiempo hablábamos de la necesidad de re-valorizar el conocimiento colectivo, generado por un grupo afín, como vía para asegurar una toma de decisión más cercana a la elección correcta . Ante esta opción la voz experta del gurú consultivo corre el riesgo de carecer de niveles óptimos de pluralidad, amplitud de vista y dinamismo basado en la interacción.

La organización lúcida no ha tardado en comprender que el potencial de la actividad reflexivo-creativa de sus empleados aumenta la ratio de aciertos en los procesos de conflicto a la vez que disminuye el error, una vez lanzada la propuesta definitiva de solución. Esto se debe a que la acción del grupo atiende a cuatro factores distintivos:

– Autonomía: Cada miembro tiene voz y critierio propio, de modo que su intervención aporta un valor extra al conjunto de las participaciones.

– Anexión: Dichas señales independientes pueden pasar a unificarse con la voz defendida por la mayoría del grupo. Así, la participación individual es decisiva para seleccionar una opción u otra, a la hora de fijar un juicio común a compartir.

– Pluralidad: La conjunción de propuestas, opiniones y juicios diversos exige la creación de una red extensa y participativa, donde los enfrentamientos y los acuerdos son entendidos como parte del proceso para la toma de decisiones. Los actores se posicionan abriendo debate y generando propuestas que pueden ser refutadas o apoyadas, sin la existencia de censuras ni cortapisas formales.

– Desplazamiento periférico: No hay ninguna máxima impositiva que fuerce a los participantes a someterse a un conocimiento absoluto o a una única solución. La búsqueda de las mejores opciones permite que los miembros de la organización recurran a sus conocimientos específicos y a sus experiencias personales, alejadas de mecanismos de la centralización jerarquizada del conocimiento.

Estas cuatro variables se configuran y contextualizan a apartir de las necesidades del momento pero, siempre se fundamentarán en la confianza entre los miembros del grupo que deciden libremente cooperar en la construcción de una realidad compartida. A partir de la percepción común de la cuestión a tratar la implicación aumenta exponencialmente, a la vez que se produce un flujo elevado de propuestas resolutivas . Esta implicación agiliza las vías participativas. Asimismo el acento cognitivo descansa sobre una libertad de presiones de política interna o subyugada a la visión reducida del experto como único miembro vinculante.

Por supuesto no estamos hablando de un paraiso de acierto infinito, ya que la dinámica del grupo puede sucumbir ante la excesiva burocratización, la copia indiscriminada de las propuestas más convincentes (sin someterlas a revisiones y contrapropuestas) o la influencia de factores externos en la deliberación del grupo.

Al fin y a la postre, dejar pensar y participar a los implicados no parece tan mala opción.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti.

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