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Incorporemos el futuro. ¡Ya!

12 Nov

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Pese a que el mundo empresarial se jacta de su carácter pragmático, la realidad es que la palabra y las promesas ocupan más espacio que las acciones concretas. Esto ocurre, por ejemplo, cuando salta a la palestra el tema de la “innovación”; todas las organizaciones dicen implementar o investigar prácticas que le permiten posicionarse como una corporación innovadora. Si esto fuera cierto los paradigmas reaccionarios quedarían obsoletos, sin embargo hay empresas rocosas que se anclan a su tradición reduccionista.

¿Cuántas empresas han analizado, ya, las tendencias que mueven a las generaciones de futuros trabajadores? Saber cómo se comportan, cuáles son sus aspiraciones y sus intereses permite diseñar planes para atraer conocimiento activo, así como para generar estructuras y políticas organizacionales acordes con las nuevas demandas laborales. En definitiva, el estudio apuntado evita fatídicas improvisaciones y retrasos en la dinámica mercantil.

Si echamos un vistazo al libro The kids are alright, de Beck y Wade, descubrimos datos e información de cómo la generación de videojugadores (Gamer Generation) va a cambiar el modo de trabajar en los próximos años.

El tiempo dedicado a jugar permite que el jugador actual vaya adquiriendo valores de sociabilidad muy definidos y necesarios. Entre los jugadores se fomentan los foros, los grupos y/o asociaciones entorno a juegos que sirven de nexo común entre los participantes. En estos encuentros mientras unos discuten jugadas o estrategias otros juegan y ponen en práctica lo comentado, de esta manera se teje una comunicación estrecha afianzádose la constitución de equipos de trabajo.

En relación con esta situación, los jugadores fijan pautas para la evolución de un pensamiento estratégico, por medio del cual se evaluan las diferentes opciones a la hora de tomar una decisión que facilite el avance del juego. Las asunciones de riesgo son medidas, alejándose del acto temerario o imprudente. El acierto en la elección de la acción se ve recompensado al instante, de manera que la diferencia entre error y acierto queda bien delimitada. La posibilidad de afrontar situaciones límite en un contexto virtual favorece la elasticidad y el optimismo para asumir conflicos y problemas.

Por medio de los juegos también se fortalece la habilidad de liderazgo, en tanto que el jugador es el responsable directo de las acciones y de sus repercusiones. El videojuego como elemento formador favorece el asentamiento de conductas seguras y confiadas, motivadas por un reconocimiento del propio valor como agente responsable.

Tal vez si nos fijásemos en las generaciones más jóvenes podríamos romper ese maleficio que parace perseguir a la empresa española: “Nunca hay tiempo para hacer las cosas bien, pero siempre hay tiempo para hacerlas dos veces”.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti

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