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Responsabilidad Social Corporativa

29 Oct

Esta de moda hablar de la RSC. Eso no es malo, de hecho permite que aquellas organizaciones incapaces de dirigir su análisis interno hacia vías de apertura social, lleguen a la conclusión de que la RSC es un valor añadido a sus productos o servicios.

La realidad confirma que los programas de RSC no tienen nada que ver con la filantropía, la caridad, el trabajo de voluntariado o los actos de donación. Tampoco deberían ser parte de campañas de mecenazgo o de lavado de imagen. ¿Por qué? Simplemente porque estás actividades no van dirigidas al desarrollo del negocio corporativo.

La empresa inteligente es capaz de advertir los cambios en los valores de la sociedad que la envuelve, sólo así consigue sintonizar con la realidad circundante. La práctica de una empresa que actúa como mecanismo autista, es lo más parecido a la utilización de una apisonadora para planchar un traje. Desde luego éste va a quedar sin arrugas, pero el objetivo principal de plancharlo es el de poderlo vestir en las mejores condiciones posibles, es decir, para que cumpla su función optimizando y sacando a relucir todas sus cualidades y recursos (textura, composición, color, patrón, etc.). Será muy difícil lucir un traje planchado por una apisonadora sin parecer un adefesio.

La idea paleo-reptiliana de creer que: “si mi organización invierte en RSC voy a ganar más por mis productos/servicios”, dista mucho de pertenecer al modelo empresarial demandado por la sociedad, convirtiéndolo en un modelo fracasado o de simple supervivencia. Una postura más acorde con la coyuntura del mercado social debe entender que el verdadero beneficio se obtiene cuando los compradores me eligen a mí y no a la competencia. La fidelización, la atracción de prospectos, así como el acercamiento de aquellas personas que no desean ser neutros clientes/usuarios, sólo puede llevarse a cabo a través de acciones comprometidas con las solicitudes emitidas por la sociedad.

Cuando una empresa se etiqueta a sí misma como socialmente responsable, debe asumir que esta categorización se fundamenta en su capacidad para dar respuesta justificada y proporcionada sobre las implicaciones de su actividad en la sociedad. No en vano el sustantivo “responsabilidad” se deriva de los verbos latinos respondere (prometer, pagar o merecer) y spondere (asumir una obligación, prometer solemnemente o jurar). El responsable es aquel que da justificación comprometida de sus actos. Sólo bajo esta actitud de auto-obligación conseguiremos que los demás depositen su confianza en mí, al constatar mi cercanía, mi implicación y mi atención en el ámbito comunitario.

¿Cómo llevar a cabo esto?

Veamos tres ejemplos paradigmáticos dentro del mercado de la RSC española. En ellos es fácil distinguir, a través de las declaraciones de sus portavoces, aquella empresa que utiliza de manera desabrida la RSC (haciéndose flaco favor) y aquella que la ha integrado juiciosamente en su actividad. También resulta interesante analizar el léxico utilizado por la voz en off.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti.

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2 comentarios

Publicado por en octubre 29, 2007 en Confianza, Filosofia empresarial, RSC, Sociedad, Valores

 

2 Respuestas a “Responsabilidad Social Corporativa

  1. mariano

    octubre 31, 2007 at 6:20 pm

    Unión Fenosa que nos da lecciones en este vídeo bien podría “escucharlos” para cambiar su conducta “innovadora y social” en Nicaragua donde todos los días deben soportar cortes de energía de más de 10 horas.

     

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