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La risa crítico-creativa

03 Oct

 

Nos tomamos demasiado en serio. Este hecho reconocido a priori como algo valioso por dar solidez a nuestra persona y a nuestras acciones, en no pocas ocasiones se convierte en un lastre inútil y lésivo.

Suele ser inútil porque lo único que estamos haciendo es convertir una imagen aparente y maquillada en natural e idiosincrásica, cosa ésteril por definición. Pero aún es peor cuando llegamos al convencimiento de que esa naturaleza defendida es lo que somos, es decir, nos creemos que somos lo que nuestra definición abarca, como si en ello fuese nuestro sentido más vital.

Un directivo altanero, un médico distante, un juez que encarna la esencia de la justicia o un profesor eminencia autoproclamada. ¿A cuántos nombres propios podemos asignarles estos enunuciados? A bastantes, tal vez a demasiados. Bajo estas definiciones se esconde un significado de reconocimiento que pretende ser natural (casi un don), sin embargo hay que advertir el tono artificioso de esta maniofra ficticia, hoy en día práctica habitual del marketing personal.

¿Cuántas veces hemos tenido que contener la risa ante patochadas calificadas, por quorum, como serias y maduras? ¿Cuántas veces hemos asociado la seriedad con la corrección, con el deber, con el referente a seguir? Bueno, tal vez a partir de esta contradicción sea interesante traer a colación la propuesta nietzscheana que concibe a la risa como herramienta crítica-creativa.

La risa cumple con dos cometidos básicos, ya que atenta contra el sentido establecido y se enfrenta a las grandes prédicas de latente superficialidad. Nietzsche diría que la primera es una risa libre de conceptos anquilosados, mientras la segunda es fruto de la intención infantil de vivir sin cargas cercenadoras de su vitalidad. Por eso la risa no suele caer bien a la seriedad mármorea, pues su uso crítico y creador escapa a la rigidez de la palabra acuñada como dogma y a las normas perdurables avaladas por la voz de la tradición. Si la seriedad tuviera un lema, bien podría ser: “Uno debe hacer lo que debe hacer porque siempre ha sido así” ¡Qué contenido tan profundo! Por favor ¿alguien en su sano juicio sería capaz de pensar que tras estas palabras hay, por ejemplo, un ejecutivo serio? Bajo esa sentencia se esconde el acomodamiento y la visión limitada de quien no desea jugar dentro de la dinámica contextual en la que se halla. Volviendo al ejemplo del directivo empresarial, tendríamos que reconocer que su pérfil obligará a la organización a quedar desubicada dentro del movimiento fluctuante del mercado.

La risa creativa es sanadora, al neutralizar los efectos nocivos de los prejuicios, desmoronando el castillo conceptual y reactivo sobre el que se postergan en el tiempo. Justamente, la risa es capaz de truncar el tiempo rutinario, un tiempo que se repite a sí mismo sin importarle nada más. Un tiempo que atrapa conductas activas para transformarlas en mecanismos autistas . La risa creativa es la creadora de la ironía, martillo demoledor del argumento raificado y del discurso de formas pomposas vaciado a fuerza de ser repetido.

La risa no se opone a la razón, sino que parte de la búsqueda de la razón, viva y danzante. La risa genera una perspectiva interesante para la comprensión del acontecer humano, pues ofrece esa periferia necesaria desde la que observar el objeto de análisis, sin caer en la rutina de la línea recta. Desde la periferia se puede viajar al nudo por múltiples caminos, no todos ellos exitosos. Gracias a esto descubrimos el valor educador de la risa, que nos muestra el error cometido en la ruta y nos permite generar nuevas posibilidades para finalizar el trayecto.

Llevemos a cabo un juego; imaginemos lareunión de un sesudo equipo de dirección, serio, agitado, hundido en sus sillones y dando vueltas sobre el mismo tema durante dos horas y media, añadamos que no son capaces de llegar a una solución válida para su problemática. ¿Cómo es posible que no resuelvan el conflicto si están recurriendo a los métodos y herramientas aconsejados por el manual de reuniones eficaces? Nunca les falló, pero y ahora…

“En la mayoría de los hombres el intelecto es una máquina pesada, sombría, chirriante, que cuesta poner en marcha: cuando quieren trabajar y pensar bien con esta máquina, lo llaman “tomar en serio el asunto” – ¡oh, cuán fastidioso tiene que ser para ellos pensar bien! Tal como parece, la amada bestia hombre pierde el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone “serio”! Y “donde hay risa y alegría, el pensamiento no vale nada” – así suena el prejuicio de esta bestia seria en contra de toda “ciencia jovial”. – ¡Pues bien! ¡Mostremos que es un prejuicio!” (Nietzsche: La gaya ciencia, # 327)

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti.

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