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Retos comunes

13 Sep

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Durante todo el periodo estival hemos estado pendientes de la evolución económica norteamericana. Los expertos han estudiado su repercusión en el resto de las economías mundiales y han intentado tansmitir un mensaje equilibrado sobre su escaso efecto en el sistema bancario español.

Sin embargo, si unimos esta inquietud internacional al mensaje que anuncia un declive en la línea de crecimiento económico interno, la cuestión deja de ser una noticia sin implicaciones para convertirse en un problema digno de ser analizado.

Nadie habla de crisis ecónomica pero se manifiestan dudas sobre el futuro panorama de la economía española. Después de catorce años de expansión empiezan a verse con claridad síntomas de una deceleración.

Dentro del panorama empresarial habría que desarrollar un cambio de paradigma, antes de que el modelo de crecimiento exija un reajuste incisivo. El milagro español ha dejado de tener sentido, porque la complejidad de la sociedad solicita nuevas maneras de vehiculizar su desarrollo. De hecho, un sistema económico basado en trabajadores poco cualificados, en el sector de la construcción y en el consumo injustificado, no es el mejor lugar en el que permanecer anclado.

Los responsables empresariales tienen que decidirse a salir de la ornacina. Los precios del petróleo han aumentado, las ayudas comunitarias cada vez escasean más, los tipos de interés van en aumento y la liquidez se retrae. Ante esta situación ya no valen parches más o menos ingeniosos, ni tampoco reacciones poco meditadas guiadas por ese misterioso instinto para los negocios del que se enorgullecen algunos.

La cuestión pasa por una planificación dispuesta a abandonar prejuicios y fórmulas predadoras caducas. Esta nueva conyuntura requiere de un nivel de responsabilidad exigente de manera que la empresa, como agente social que es, tiene que poner todos los medios para mejorar la calidad de sus productos y servicios, de sus empleados y de la sociedad que la acoge. Este es un camino menos lesivo que busca el crecimiento contenido, sostenible, no desaforado. No hablamos de ideales, la empresa que actúa así se perpetúa en el tiempo, porque su desgaste se ralentiza al no ser una entidad que desea esquilmar todo lo que le rodea, porque justamente esto le permite continuar evolucionando en positivo.

Aristóteles aconsejaría hoy la práctica de la moderación (la mesura), ya que permite actuar de acuerdo a lo que convenga, aplicando la fuerza y los recursos ajustados a cada momento. Sin duda, sería una gran virtud organizacional saber asentarse en la moderación para huír de la mediocridad y/o la hipérbole.

En términos de Gilbert Ryle, más próximos a la empresa, diríamos que es necesario distinguir entre el knowing that y el knowing how, porque la virtud requiere del saber qué hacer y del cómo hacerlo. La unión y la correcta aplicación de la información y de la formación es el pilar básico para configurar el nuevo paradigma empresarial, asentado en la prudencia. Ésta muestra el camino intermedio (razonable y razonado) para disponer de los medios necesarios en la obtención de los fines deseados.

La empresa actual debe abogar por este cambio, si no quiere perder el terreno común que le permite ubicarse dentro de los nuevos modelos socio-económicos.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela berti.

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