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NO SÓLO EL LÍDER DEBE EVOLUCIONAR

27 Jul

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Defendemos a capa y espada la necesaria evolución de los líderes dentro del espacio organizacional. Es cierto que la compleja actividad que desarrollan requiere de una viva re-actualización pero, ¿cuántos líderes desean someterse a estos procesos de cambio?.

Muchos de ellos se quejan de la dureza de su trabajo e incluso de la rutina agónica a la que están expuestos, sin percatarse de que estas denuncias desvelan una actitud enclaustrada, alejada de cualquier dinámica colaboradora. Son sentencias lapidarias de quien no desea mover ni un dedo para mejorar la situación; padecen el síndrome del victimismo, por lo que no dudan en presentar una bateria de excusas eximentes de cualquier responsablilidad individual.

Cuando un líder se comporta así queda anulado para dirigir un equipo comprometido con los objetivos a alcanzar.

Se requiere un cambio integral. Un cambio de todos los miembros activos; del líder que servirá de guía y referencia, pero también del resto del personal, que debe entender las razones y causas que fundamentan su actividad.

Desde esta perspectiva, el filósofo puede colaborar con la acción empresarial desarrollando una práctica dirigida a la construcción de nuevas actitudes organizacionales y personales, a través de propuestas definidas y adaptadas a la situación concreta de la empresa.

Cuando se habla de innovación no debemos quedarnos en el plano meramente tecnológico. Innovar, es llevar a efecto propuestas para superar los handicaps presentes, de manera que en el futuro la fase de bloqueo quedé superada.

Si dejamos hablar al Zaratustra de Nietzsche, éste nos ofrece una fórmula de evolución y cambio profundo. El crecimiento de las personas llega por medio de un proceos innovador, dividido en tres fases:

1- Configuración de camello.

2- Transformación de camello a león.

3- Transformación de león a niño.

El camello, lo que somos, debe abandonar su voluntad de acarrear en solitario, y con resignación, con lo más pesado y desértico de la actividad diaria, de manera que consiga metamorfosearse en un león lleno de vitalidad, dispuesto a conquistar su libertad de movimientos en el territorio en el que se desenvuelve. Esta segunda fase permite dar un paso decisivo al individuo, quien ya no sólo actúa por el imperativo externo del “tú debes” sino que es capaz de crear de manera proactiva un “yo quiero”, por el que adquiere una responsabilidad autónoma al percibir claramente cual es su área de actuación. Por último, el león debe evolucionar, debe innovar, y convertirse en niño. Un niño que ya no lucha desaforadamente por su ‘comida’ en su ‘territorio’, sino que se caracteriza por la capacidad de ser un gran jugador, un auténtico creativo. Alguien que es capaz de percibir el entorno que le rodea pero que, además, es capaz de inventarse nuevas maneras de hacer, es decir, nuevas maneras de ser, siempre activas y atentas al contexto con el que inter-actúa.

Evolucionar es difícil, pero más difícil es reconocer que necesitamos romper nuestra imagen para construir una nueva que nos permita avanzar, asumiendo el riesgo que esto conlleva.

Filoempresa: Godofredo Chillida+Gabriela Berti.

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