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¿ARGUMENTAR O MERCADEAR?

18 May

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En el ámbito organizacional no es extraño escuchar slogans en boca de directivos, responsables y representantes, de hecho no hay nada de negativo en ello. Bueno, no lo hay si no se intentan convertir en expresiones que manifiestan la conclusión de un supuesto proceso argumentativo, pues en ese caso se entraría en un juego falaz.

De lo que no hay duda es de que un mal argumento puede funcionar a la perfección, encontrando aceptación entre los miembros de una empresa, al convertirse en una excelente proclama publicitaria. Sin embargo, eso no significa que esté racionalmente estructurado y que sea una conclusión lógica derivada de sus premisas.

El mayor peligro de los enunciados “publicitarios” internos, pasa por ser el camino más rápido para implicar a las personas de un grupo en la consecución de un objetivo, sin permitirles esgrimir los argumentos e ideas que expresan su posición. La finalidad de este proceder apunta al ahorro en tiempo y esfuerzos; en capital ¿pero verdaderamente este el medio más eficaz de escatimar esfuerzos y tiempo?.

La organización que está dispuesta a dialogar con sus clientes (internos y externos), antes de iniciar cualquier acción relevante en la que éstos se vean afectados directamente, debe extender y proyectar un espacio de encuentro y comunicación entre todos los afectados. Ya no sólo por actuar de acuerdo a una ética empresarial sólida, sino también al hallar en ello un benficio traducido en ahorro de enfrentamientos irreconciliables, reducción sobre la derivación de tiempo productivo en asuntos subsidiarios e incluso minimización de litigios que dañan la imagen corporativa. Realizar un puesta en común del proyecto a realizar, es una intervención preventiva antes de que las acciones desemboquen en conflictos, ya que ayuda a conformar una visión conjunta de los pasos a seguir.

Cuando una empresa incluye en sus decisiones a los posibles afectados, está abandonando el juego de ganadores y perdedores, donde el ganador (normalmente la corporación) no se responsabiliza de de lo ocurrido a los “perdedores”.

El problema del mercadeo indiscriminado es que crea la perdida de credibilidad en la palabra, ya que no suele acompañarse con los hechos enunciados. ¿Existe alguien que quiera rodearse de personas y organizaciones de dudosa confianza? Evidentemente NO.

Filoempresa: Gabriela Berti + Godofredo Chillida.

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Publicado por en mayo 18, 2007 en Confianza, Credibilidad

 

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