Buscando la eficiencia

Todos los indiviuos buscamos el éxito. Unos quieren acaparar riquezas materiales, otros se conforman con ser útiles a la sociedad, hay quien decide hallar el camino de la paz espiritual y los más simplemente deseamos ser felices y tener una vida buena. ¿Pero existe una equivalencia entre estos deseos y guías vitales individuales con los objetivos organizacionales?
Si defendiéramos que la empresa exitosa es aquella que consigue el máximo nivel de eficacia, veríamos difícil aunar las inquietudes personales con las empresariales. Al entender la eficacia como la extensión en la que se realizan las actividades planificadas y se alcanzan los resultados planificados, simplemente estaríamos hablando de un camino maquiavélico, en el que el fin justificaría los medios. Así, el éxito se acompañaría de un bajo nivel de conciencia comunitaria. El síndrome Me Myself and I impediría la unión colaborativa y la generación de equipos de trabajo. Tampoco podrían aunarse los intereses individuales de cada miembro de la organización con los objetivos de la empresa, ya que cada uno perseguiría la obtención de sus fines a costa de someter a los demás.Esta visión predadora aún está ampliamente difundida. No obstante, la vinculación a partir de redes sociales ha conseguido la coordinación y la participación de indiviuos a partir de intereses comunes y compartibles.
Ya no nos interesa conseguir simplemente nuestros objetivos. Aspiramos a algo más que a dar en la diana. Lo que buscamos como individuos, cuando perseguimos el éxito, es ser eficientes. Queremos ser capaces de gestionar la relación entre el resultado alcanzado y los recursos utilizados.
Si deseo tener un coche nuevo pero para ello debo sacrificar una cuarta parte de mi nómina, a sabiendas que sólo podré disfrutar del vehículo durante el fin de semana porque los desplazamientos durante la semana los realizo en transporte público, seguramente determinaré que mi recurso económico no estará bien invertido, ya que el rédito de satisfacción que extraigo de él es mucho menor que el coste generado, debido a que sólo podré disfrutar de tres cuartas partes de mi nómina.
Si una organización decide adquirir la mejor herramienta de gestión de incidentes del mercado, con un precio acorde a su excelsa valía, pero no tiene el personal suficiente ni formado para extraerle el máximo rendimiento, la empresa perderá capacidad en la resolución de incidentes, dinero, tiempo y someterá a su limitado personal a una sobrecarga innecesaria.
En definitiva, la eficiencia es la variable que permite gestionar nuestros recursos adecuándolos a los objetivos deseados. En ese sentido, el valor generado a partir del coste ajustado permite que podamos hablar de éxito y satisfacción, tanto en el plano personal como en el organizacional. Un individuo que ha comprendido este posicionamiento es capaz de desarrollarse dentro de las empresas dinámicas, ávidas de iniciativas abiertas al acto de compartir el núcleo de conocimiento tácito.
Filoempresa: Godofredo Chilllida+Gabriela Berti.