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LA AUTONOMÍA DE LAS ORGANIZACIONES

29 jun

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Se suele discutir entorno a la autonomía de los miembros de una organización pero, qué ocurre cuándo una empresa decide exhibir su autonomía al margen del resto de las corporaciones, deslindada de los intereses sociales y sin prestar atención a las demandas de su personal.

La respuesta inmediata es: “que fracasa”.

Sin embargo hay ciertas organizaciones que se ufanan enarbolando la bandera del liderazgo ultra-innovador, pues se ‘sienten’ despegadas de las propuestas terrenales. Ellas son las únicas visionarias del camino a seguir, destacando su trabajo autónomo, y separado de las líneas de evolución mecánica, como modelo óptimo para ofrecer a los productos o servicios el máximo valor añadido.

Esta posición prepotente las deja en evidencia al manifiestar la mirada reduccionista y centrípeta que poseen sobre el mercado global. Inmediatamente uno piensa: “Si poseen tanta información como dicen, si la saben gestionar inmejorablemente, si contratan a los mejores asesores y si son tan aventajadas tecnológicamente como aparentan, ¿por qué no son capaces de percibir, como yo lo hago (pequeño mortal donde los haya) que la tendencia apunta hacia la unión de propuestas, de actividades, de intereses y de objetivos?

Tal vez el punto fuerte de la cuestión pasa por el uso caduco que dichas empresas dan a la expresión “autonomía”. La autonomía ya no pasa por ser una herramienta en busca de la superación de posiciones tradicionales, porque en estos momentos no es el modo en el que cada grupo debe eligir su concepción entorno al bien hacia el que se dirige.

Hoy en día el término “autonomía” se fusiona con el de “diversidad”. Así pues, las organizaciones que, consciente o inconscientemente, defienden este planteamiento obsoleto se encuentran en una situación contradictoria de alto de riesgo. Por una lado son las adalides de lo novedoso cuando su cultura no pasa de ser una re-actualización de estructuras decimonónicas y, por otro lado, suelen arrastrar a otras empresas hacia sus ‘propuestas innovadoras’ impidiendo el avance real de las mismas y bloqueando el flujo de crecimiento corporativo.

En la actualidad el mercado permite la multiplicidad de vidas y desarrollos empresariales excelentes que, ni de lejos, cumplen con el concepto arcaico de autonomía (p.ej.: las organizaciones artísticas y culturales) al crear bienes muy valiosos reconocidos tanto a nivel social como económico.

Las organizaciones deben poseer una filosofía empresarial definida y revitalizada de lo contrario la defensa de la libre elección de propuestas y acciones, a partir de diferentes opciones (esto es, la creación del propio yo) se confunde con la idea de autonomía. Pero de la creación de un yo organizacional específico no se infiere una existecia autónoma.

La presente diversaidad y pluralidad económico-socio-cultural exige de una inter-acción coherente con dicho contexto, de lo contrario se corre el riesgo de caer en el ridículo y descrédito más absoluto.

Filoempresa: Godofredo Chillida + Gabriela Berti.

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