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El valor de una manzana: Steve Jobs

La muerte alcanzó a Steve Jobs, el consejero delegado de la empresa Apple, a quien la revista Fortune consideró “el empresario de la década”. La mística de Jobs es formidable. Su figura encumbrada bajo el nombre de gurú, visionario, pionero o genio, por sus contribuciones al mundo de la tecnología, parece dejar un espacio vacante. Más allá del mito enaltecido por los cánones que dicta el “sueño americano” (exitoso emprendedor fraguado desde abajo, que invirtió todo lo que tenía por sacar adelante sus ideas y su proyecto), Jobs era un empresario astuto que consiguió volverse multimillonario antes de cumplir los 25 años.

Está claro que el ‘alma mater’ de Apple fue uno de los grandes innovadores y cambió la manera de hacer negocios. Se lo asocia a la creación de una larga serie de avances tecnológicos pero, tal vez, uno de sus logros más visionarios es haber sabido conectar muy bien la tecnología con las tendencias y el diseño, organizando todo un ecosistema alrededor de sus propios productos.

Jobs era hábil para vender su trabajo, aunque tuviera que desfigurar los hechos hasta para que su público estuviera dispuesto a pagar más por sus productos que por los de la competencia. Son varios los productos que Apple lanzó al mercado llenos de defectos y falencias, (el iPhone es buen ejemplo de ello). Sin embargo el éxito siempre lo tuvo asegurado.

Esto nos lleva a preguntarnos cómo se sostiene tal superioridad de mercado sobre una base inestable. No se trata entonces únicamente de una cuestión de productos o de cálculos, sino de emociones. Steve Jobs fundó no sólo una empresa que desarrollaba tecnología, además supo organizar una factoría de emociones en el ámbito de la informática. El consumidor de Apple es fiel incondicional, y la imagen de la manzana mordida es todo un atractivo que provoca una constelación de emociones, generando afinidad, identificación y valor. Precisamente en las últimas tres décadas Jobs redefinió la tecnología y la forma de consumo, basándose en lo que se conoce como Emocional Branding.

Quienes estaban cerca de él lo definían como una persona egocéntrica, perfeccionista, ambiciosa y obsesionado con la competencia. No obstante su branding personal estaba tan correctamente trazado que se le atribuye la invención de una nueva tecnología, a pesar de no haber creado los teléfonos inteligentes, ni las tabletas, ni los reproductores digitales de música. Claramente Steve Jobs era un empresario del que tenemos mucho que aprender, que forjó un modelo de negocio que muchos intentan imitar y que además sabía presentar un discurso muy motivador. Seguramente, aún después de su muerte, podremos seguir bebiendo de su legado.

 

En defensa del pensamiento, la filosofía y la educación pública

Laurent Dif, Caroline Fournier, Miguel Angel Alcorcón, Elena Garrido Torres, realizaron este corto para apoyar a la plataforma en defensa de la filosofía y de la educación pública y para llamar la atención sobre el vaciamiento de contenido en la enseñanza en general, y en la filosofía en particular.

 
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Publicado por en septiembre 8, 2011 in Compromiso, Filosofía Práctica

 

Crowdfunding: procesos sociales de producción

Hace ya algunos años que en las empresas se comenzó a discutir y a pensar sobre las posibilidades de implementar el llamado:  Crowdfunding, tanto como una forma de financiación como de pequeñas participaciones que generan espacios de cooperación colectiva. Al principio el Crowdfunding era presentado como opuesto al Outsurcing. Pero es algo más que una simple oposición conceptual o estratégica, puesto que básicamente se trata de una actividad que suma esfuerzos comunes de manera descentralizada, realizado por diversas personas que no necesariamente se vinculan entre sí fuera de la red específica del proyecto que los convoca.

A través del Crowdfunding se va más allá de las formas tradicionales de encontrar financiación, y así muchas organizaciones consiguen desarrollar productos o recursos  por medio de las opiniones, ideas del público o de especialistas independientes, que luego lanzan al mercado. Para ello se recurre a potentes programas publicitarios o a pequeñas redes de contactos y amistades que sirven para proyectos artísticos independientes. Pero lo que juega un papel fundamental en una u otra forma de acción, es la participación por medio de redes sociales en Internet.

Precisamente el Crowdfunding se utiliza para desarrollar campañas políticas, investigaciones científicas, sufragar nuevos productos, para la creación negocios o empresas, para encontrar apoyos para propósitos culturales o sociales, etc. Incluso hay quienes creen que este sistema puede ser una alternativa que nos permita prescindir de la tiranía de los bancos.

Todas estos métodos de trabajo nos están indicando una manera de organización del trabajo que no se encierra en el capital individual sino que funciona únicamente cuando hay relación, puesta en común, cooperación y participación. En definitiva se trata de un proceso social de producción, que no sólo genera contenidos ricos sino que al mismo tiempo crea valor de comunidad.

Gabriela Berti + Godo Chillida

 

Pensar y actuar en la dispersión

El tiempo no alcanza, cada día es como comenzar desde el principio…Nuestras vidas parecen estar cada vez más fragmentadas: trabajo; estudio y capacitación; familia; amigos; estar informados; estar sanos y atléticos, etc., etc. En medio de todos esos fragmentos parece que la realidad se desintegrara pasando muy deprisa sin ser capaz de asentarse  y, para conservar nuestras relaciones (personales o sociales), hay que hacer un gran esfuerzo.

Todo ello genera la sensación de estar atrapado en un torbellino en el que no existe la capacidad para tomar las riendas, las  decisiones apropiadas y meditadas. Así queda un mal sabor de boca porque los vínculo personales suelen estar signados por la precariedad, pero también lo están el trabajo, el acceso a la vivienda. De ello se deriva una subjetividad asentada sobre una pura fragilidad sobrepasada, en la que es muy difícil encontrar un sentido graduable, hecho a una medida u escala que podamos asir. Esta sensación de estar en muchas cosas al mismo tiempo (sin poder abarcarlas todas), se la denomina síndrome ‘windows’. Algo así como lo que ocurre con el sistema operativo: tenemos varias ventanas abiertas de forma simultánea y ocupándonos de múltiples tareas.

Esta actitud es lo que teóricos como Franco Ingrassia llaman: el estado de dispersión, definido como: “un incesante bricolaje existencial, donde la primacía de la inestabilidad multiplica los estímulos ante los que hay que responder y nos obliga a un trabajo de constante actualización de nuestra lectura del medio en el que nos movemos (porque, apenas logramos orientarnos, la cosa vuelve a cambiar y hay que reajustar dicha orientación)”.

Ahora bien, planteado de esta manera parece que el estado de dispersión sólo puede convertirse en el adversario de nuestra existencia como seres contemporáneos. La dispersión no sólo es una cuestión personal porque no sabemos o no somos capaces de manejar nuestras vidas adecuadamente. Como dice Ingrassia: “en condiciones de dispersión no hay cadenas que romper, sino experiencias colectivas que componer y sostener en entornos altamente variables, de modo que, posiblemente, la cuestión pase por pensar en términos de autoorganización y de políticas igualitarias.”

Gabriela Berti + Godo Chillida

 

El capitalismo del deseo

No es necesario recordar que el capitalismo nace con una nueva forma de producción surgida de la mano de la revolución industrial. Ahora bien, hoy el capitalismo parece que continúa gozando de buena salud, aunque cuando mentamos su nombre debemos advertir que no se trata de las mismas condiciones de su surgimiento.

Hace más de un siglo atrás, quienes producían en las fábricas (los obreros) no eran los consumidores de los mismos productos que ellos hacía. Henry Ford fue quien, reduciendo los costes de la producción en serie, posibilitó que sus productos fueran comprados por los mismos obreros. Este no es un dato menor puesto que provocó un cambio sustancial en el funcionamiento del capitalismo, a través de la incorporación de nuevas maneras de producir y de consumir; lo que abrió las puertas al marketing.

Uno de los pioneros en advertir esta cuestión fue Edward Bernays (sobrino de Freud), que en 1923 remarcó la necesidad estratégica de crear ‘deseo’ entre los consumidores para aumentar la competitividad empresarial. Entonces el motor del capitalismo deja de estar del lado de la industria para desviarse hacia la construcción de objetos como valor de deseo; de un deseo masivo de los consumidores.

Así, para que el capitalismo funcione hoy debe producir subjetividad, tanto en el trabajo como en el consumo. En ambos planos la subjetividad ha devenido algo muy distinto de aquello que era en los orígenes del capitalismo. En la primera fase del capitalismo, antes que nada era preciso producir y después, quienes podían hacerlo, consumían. Actualmente primero se genera el objeto de deseo (a través de la publicidad y el marketing) y luego aparece la producción material.

Esta situación, tal como señalan Deleuze y Guattari, nos muestran que en la actualidad impera un capitalismo social y del deseo. En donde el deseo se vuelve una cosa estandarizada que no atiende a las individualidades subjetivas, sino que todo el mundo debe tener el mismo deseo de consumir un determinado objeto. En este sentido, el valor de un determinado objeto está relacionado con criterios, juicios, deseos de los consumidores y no sólo con el trabajo y su organización. Así el deseo se liga con una constelación de creencias compartidas en torno a un objeto de deseo.

La forma actual del capitalismo enclaustra la subjetividad en una serie de dispositivos contradictorios, binarios y heterogéneos. De un lado se ensalza la individualidad, el deseo y la voluntad de cada sujeto para tomar decisiones propias (como si fueran soberanas), y por otro lado se estandariza el deseo dentro de un componente que nos sobrepasa a los sujetos.

 

Pensar y crear comunidad:el legado de Lipman

El 2010 se fue dejando un hueco, porque el último fin de semana del año estuvo marcado por la muerte de Matthew Lipman (en New Jersey). Lipman fundó la filosofía con niños y niñas. Hasta antes de morir, a sus  87 años y mermado por la enfermedad, seguía pensando y replanteando lo que había escrito en su juventud. Esa fuerza incansable para seguir recapacitando y creando, se ve reflejada en su último libro, su propia autobiografía: A life teaching thinking (IAPC, 2008).

El texto describe muy bien su trayectoria, no porque cuente la historia de su vida, sino porque el título mismo ya nos habla de toda su carrera, dedicada a enseñar y a prender a deliberar filosóficamente a través del pensamiento crítico, retomando las preguntas filosóficas primeras, relevantes para la humanidad y reconociendo la importancia de crear juicios argumentados.

Su interés por hacer de la filosofía una herramienta práctica está ligado a su primeros pasos en la filosofía académica. Por un lado a la tradición griega de Aristóteles, pero fundamentalmente al pensamiento de John Dewey, sobre el que Lipman hizo su tesis de doctorado. Las ideas de Dewey fueron abriendo las puertas de Matthew Lipman hacia una nueva visión de la filosofía y de la pedagogía.

Más allá de la importancia de poner de relieve la figura de Lipman como un hombre significativo para la cultura contemporánea, su legado no sólo se resume en una larga lista de libros, intervenciones en los medios masivos de comunicación, un film producido por la BBC, clases magistrales, cursos de formación y conferencias sino, y muy especialmente, en su propuesta metodológica que enseñó a hacer filosofía, antes que a pensar sobre o escribir sobre la filosofía.

Entonces la pertinencia de escribir sobre Lipman en este espacio, ya no se valida sólo por su personalidad sino por el valor que supo introducir en sus alumnos, lectores y seguidores, para que cada uno fuera capaz de atreverse a pensar por sí mismo, a argumentar y a compartir las inquietudes con los demás. La idea de crear y trabajar siempre organizando una comunidad de investigación, realza los aspectos comunitarios del conocimiento y del trabajo común. El legado de Matthew Lipman va más allá de las fronteras de la filosofía con niños y niñas, de la formación de los y las educadoras, porque desde diferentes ámbitos podemos beber de su fuente para asimilar la importancia de la relación entre pensar y convivir, para hacer de nuestros pequeños espacios (el aula, el trabajo, etc.) un lugar mejor del que cada uno pueda salir enriquecido a través de la escucha atenta y del compartir las ideas.

Se fue Lipman, un hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir, con la construcción de un futuro mejor. Ahora nos queda a nosotros tomar su antorcha.

 

Feliz 2011

Llega el fin del 2010 y en medio de los brindis y salutaciones navideñas, los balances del año también se van haciendo su lugar. Repetir una vez más que éste ha sido un año marcado por la crisis, no es más que volver la vista sobre lo evidente. Sin embargo además de trazar estrategias que nos permitan salir de los atolladeros económicos y financieros,  es un buen momento para repensar los objetivos personales, del grupo de trabajo y de la empresa.

Las situaciones de crisis y carestía nos hacen: descubrir nuevas maneras de hacer las cosas, crear nuevas herramientas y, sobre todo, ponen a prueba nuestra capacidad y determinación para llegar a destino, aún remando contra la tormenta. Pensar, crear e innovar son algunos de los los pilares básicos de toda persona emprendedora, pero para ello es preciso tener una visión clara que permita ver en los obstáculos y los momentos de turbulencia, una oportunidad para crecer no sólo económicamente.

Desde Filoempresa les deseamos que ésta nueva década esté marcada por la voluntad de aprendizaje, innovación y crecimiento sostenible. ¡Feliz 2011!!!!!

 

Día Mundial de la filosofía: la reivindicación del pensamiento

Cada año la filosofía celebra su día y, en los tiempo que corren creemos que es importante encontrar un espacio para reivindicar el pensamiento, el diálogo y la capacidad de argumentación. Estos elementos son algunas de las herramientas básicas de la filosofía. Indudablemente la filosofía es una actividad importante para nuestras vidas, que debe tener el lugar que merece en los sistemas de enseñanzas y en otro tipo de organizaciones, puesto que es una forma de ejercitar y estimular la libertad de pensamiento. Sin embargo la pregunta ¿para qué sirve la filosofía lleva?, detrás de ella tanto tiempo como siglos de desarrollo tiene. Ante esta cuestión el pensador francés Gilles Deleuze decía que:

“La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para
detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las victimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer personas libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento (…) La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran…pero ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?”

La educación, la cultura, las ciencias y todas las estructuras sociales deben impulsar el pensamiento crítico y la comprensión mutua para logar corregir las relaciones de desigualdad (sociopolítica, cultural, económica, etc.). Tal como indicaba Deleuze, esta es la tarea de la filosofía: ser crítica y luchar permanentemente contra las opiniones (contra la doxa), para mejorar nuestra capacidad de analizar e intervenir en la realidad que nos toca vivir, para mejorar nuestras condiciones de vida. Así la filosofía no sólo es útil para nuestros días, sino que es absolutamente necesaria.

¡Feliz día de la Filosofía!

 
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Publicado por en noviembre 16, 2010 in Diálogo Argumentativo, Filosofía Práctica, Pensar

 

Reacción ante la crisis e innovación

En los últimos años la economía y las finanzas mundiales nos están haciendo sufrir más de un dolor de cabeza. Esto ha llevado a que las organizaciones y empresas deban tomar nuevas decisiones para sobrevivir a los temblores, generando también algunos temores.

Hay miles de páginas que nos hablan de la crisis como un proceso de mutación en el desarrollo de un sistema (histórico, político, fisiológico, etc.). Las crisis producen cambios en los horizontes (cercanos y lejanos)   y pueden redundar en variaciones en los rumbos que se habían marcado. En este sentido Thomas S. Khun, un filósofo de las ciencias, reflexiona sobre los cambios de paradigma y las revoluciones.

Dice Khun que, en ocasiones, un paradigma no es capaz de solventar todos los problemas que se le plantean. Es posible que los problemas persistan a lo largo de los años o de los siglos, acumulándose pero conservando la vigencia del paradigma. Sin embargo, cuando en su seno se acopian muchos temas sin resolver, el paradigma se resquebraja y se pone en cuestión. Así los científicos reconsideran si ese paradigma es un marco adecuado o correcto para abordar los problemas o si debe ser abandonado. La crisis conlleva la multiplicación de nuevos paradigmas, en un principio provisionales, que intentan solventar la o las cuestiones problemáticas. Estos nuevos paradigmas compiten entre sí y cada uno trata de imponerse como el enfoque más adecuado.

¿Qué podemos aprender de las palabras de Kuhn para aplicar a las organizaciones? Está claro que el modelo de Kuhn está pensado para las ciencias, pero tal vez sea lícito emplearlo como piedra de toque para reflexionar sobre los límites de los paradigmas operantes (económicos, estructurales, organizativos, etc.). Desarrollar herramientas que nos reconduzcan hacia el abordaje de las crisis es una sana estrategia, sobre todo si asumimos los conceptos kuhnianos: no hay paradigmas eternos y en un momento u otro tendremos que dar la cara la crisis.

La capacidad de adaptación ante los entornos cambiantes, las nuevas estructuras, órdenes socio-políticos y económicos, implica gran eficacia en el corto plazo. Eso habla de reacción ante la crisis, pero no alcanza para producir gestos de innovación. Un cambio de paradigma involucra siempre innovación: en la forma de definir los conceptos, abordar los problemas, encontrar soluciones y crear un marco de funcionamiento. Por ello es primordial que los pasos que demos ante los desafíos de las crisis sean reflexionados, y podamos distinguir entre las meras reacciones y las acciones de innovación que todo nuevo paradigma exige.

Bibliografía básica:

Kuhn, Thomas S. (2005). La estructura de las revoluciones científicas; España; Fondo de Cultura Económica.

 

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